¿A dónde van?

Existimos nosotros, los ahogados. Los que nunca sabremos ni podremos ser felices. Todo nos dejará un sabor amargo en la boca, aun el gusto más dulce se resecará en con nuestra saliva agria y nos será hiel. Nunca tendremos tiempo de sonreir sinceramente ni de alegrarnos por nada. La risa y el sarcasmo son nuestro único aliento útil. Lo que nos mata vivos y nos impide morir.

Y toda esa pasión, toda esa enrgía que fluye en nosotros, que nos asfixia y al mismo tiempo se nos desborda como una inundación, es una catástrofe sin cauce, a la deriva. Incapaces de querer y ser queridos, sabidos e ignorantes, entendemos todo para darnos cuenta de lo lejos que estamos de siquiera atinar en algo.

Tendidos en la orilla, náufragos con el orazón partido en la mano, el alma deshecha tirada tras nuestra sombra,, apenas la arrastramos para recordarnos que el sinuoso camino nunca termina. Tragamos toda la sal del mar para entender que nuestra paz no existe.

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