El descubrimiento del fuego

Os contaré la historia de este blog (no, no soy español, pero me gusta mucho el voseo). Todo comenzó hace ya unos cuatro años. Fue una extensión de un Tumblr que hace muchísimo tiempo no miro. Apareció porque escribía demasiado en Tumblr y me sentía sin propósito. Se supone que Tumblr es para compartir imágenes (cosa que me fascinó tanto de inicio), no tus pendejadas. Y porque mi Tumblr era conocido por algunas personas (¿cercanas a mí?).  Escogí WordPress porque descubrí que una chica (que de la nada y con un amigo en común me agregó a FB y con quien he hecho una buena amistad internetera) que escribe muy bien usaba un blog en WordPress (de cual ahora lamento ya no tener referencia alguna). Así conocí también WordPress, confieso. Y fue importante porque me animó a abrir el blog. Siempre sentí mala espina por Blogspot, lo creía adolescente y poco serio (¡mira quién lo dice!). Y fue acá, pues.

Os cuento la historia porque sí que ha pasado el rato desde eso. Hace unos años escribía mucho, a diario casi. Leía a montones y de todo tenía notas y opiniones. Relatos cortos, aforismo y ensayos, mi mero mole. Hacer de mi vida una metáfora en letras y encriptar Pmi mente en cuantas líneas fueran necesarias. palabras que eran libros enteros y oraciones para toda la vida, hace tiempo ya, claro.

Hace cosa de un año empecé a aplicarme con la escritura de un cuento hasta ahora muy mal logrado en el papel. Tengo mil ideas que he tallereado con mi gran cómplice de letras, Zagôth (nombre artístico). No me gusta presumir pero creamos ya todo un universo literario, con mitología y todo. Las ideas quizá no sean tan buenas como platicarlas en su compañía inmejorable pero de algo valdrán la pena. Hace cosa un mes descubrí entre la niebla una nueva pareja escriturística, alguien con quien tener una relación por correspondencia. Confieso que me volvió la inspiración y espié un poco mis entradas en este blog, ya sabéis, beber un poco del pasado.

Días, semanas ya, Zagôth me invitó a ser cómplice de su última lectura. Mi númen, toda la fuente de mis delirios e inspiracion: el libro por el que soy lo que fui y quisiera volver a ser. Es curioso que en tantos años de amistad lietraria nunca lo hubiesemos compartido. Su gesto tan noble me volvió loco. Pasé toda la semana releyendo mi blog, entrada por entrada, hasta el fondo de la cloaca, donde empezó todo. Aquella primera entrada que delata sin pelos en la lengua el origen de este delirio que casi tenía abandonado. Y me regresó la chispa. Después de meses atragantado en una noluntad constante, perdido en una oscuridad absoluta, viviendo de palabras mal masticadas e intentando escribir cada que tenía la suerte de estar frente al ordenador (además del voseo, me gusta la jerga gachupina) o con pluma y un papel en blanco a la mano en el momento justo, ahora digo que la llama a lo lejos, cálida y vibrante, me devolvió la inspiración. Las ganas necias de retomar el camino. Y por eso estoy aquí, porque trecordé, corriendo hace un par de semanas al lado de una gran amiga, que mi padre siempre ha tenido razón sobre mí. Lo único que necesito en la vida son ganas de hacer algo. No la estúpida noluntad.

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