Los tacos

Dos, por favor, pastor con queso y pollo con queso, el de pollo con maíz.

– Van a ser dos, ¿verdad?

– Sí, pastor y pollo con queso, el de pollo con maíz

El taquero, con un semblante de evidente confusión comenzó a preparar los tacos. Había pasado ya mucho tiempo, pensó Roger. Delante de él, con la frente sudada y los hombros caídos por más de 10 horas de trabajo al calor de la plancha y el trompo, estaba quien alguna vez había sido su más acérrimo enemigo. Bajo de estatura, moreno y feo, con bigote y cejas tupidas, el “Chaparrito”, como le decían en la taquería, le preparaba el tan ansiado bajón. Después de todo lo que Roger le había hecho, le sorprendía que el cabrón nunca dejara de sonreír. Era un pinche misterio y también que el Chaparrito nada sabía de todas esas culeradas. Su actitud servicial, siempre ameno, ofreciendo café gratis a los clientes que él  pagaba de su bolsa, el dar papas extra y limones de los que sí tienen jugo, tener chiles toreados… todo a decir de Roger, era una fachada para cubrir su único pinche defecto. Tenía las manos chicas. Muy pinches chicas. Como tal, ser de manos chicas no era un rasgo imperdonable en un taquero si se compensaba con buenas mecánicas sobre la plancha, o con otro tamaño de tortilla, pero el Chaparrito se pasaba de verga. No sólo tenía las manos chicas sino que el culero parecía actuar y llevar su vida sin estar al tanto de su denigrante condición. El principal problema era que siempre servía los tacos flacos. Tacos en tortilla estándar. Y además los servía mal. Además, su técnica, según Roger, era despreciable.

En vez de bajar el pastor con la tortilla al ras del trompo, deslizando cortantemente el cuchillo hacia abajo junto a la tortilla, y voltear el taco sobre la plancha con queso, para finalmente levantar el taco con la espátula, el pendejete cortaba el pastor y trataba de recogerlo torpemente con la espátula, para luego llevar la carne a la plancha. Una vez ahí amontonaba el queso sobre el pastor, echaba una tortilla encima y trataba de voltear el cagadero que había hecho con la espátula y su pinche manita. A huevo, ahí está tu taco, que se ve feo y además quedó bien pinche flaco. Este cabrón era como del Conalep de los taqueros, pensaba Roger. Lo que más le emputaba era que en esa misma taquería, en otros turnos y días trabajaban verdaderos prodigios del trompo, auténticos ases de la plancha. Titanes bajados del Olimpo destinados a reescribir los cánones del servicio de tacos al pastor. Rogelio (su tocayo), Alex y el profeta entre los hombres, el mesías sobre la tierra, Erick. Sus tacos eran una obra de arte, gordos, con un chingo de queso, estética perfecta, obras maestras de arquitectura culinaria. Si había un Conalep de los taqueros, Erick era de los que iban a miar a la Sorbona y a Oxford porque tienen baños chidos. Su naturaleza era la del genio, la del prodigio, el mismo que tuvieron Pelé,  Alí y Jordan y que después los mortales volvieron escuela.

Y Roger había odiado al Chaparrito por tanto tiempo. Incrédulo, era incapaz de concebir cómo podían trabajar en el mismo lugar dioses como Erick y garrapatas como el chaparro ese. Sin mencionar lo miserable que sentía cuando llegaba a la taquería y atendía el Chaparrito, pero el hambre es hambre, se decía. Más de una vez intentó hacer que lo corrieran. Se quejaba de él con los otros taqueros. Dos veces, durante el turno de la noche, le robó los bancos que ponían en la calle. Dieciséis pinches bancos y nunca corrieron al culero, antes compraron más. “Es que es el consentido del patrón”, le decía Erick. No mames. No me chingues, cabrón.

Y así pues, el culero siempre tenía esa extraña sonrisa bajo el bigote. Pero no era una sonrisa contenta o de alegría, era la sonrisa de un agachón que vivía esperando la redención y el perdón de su Dios. Ojalá supiera que sostener la sonrisa todos los días y creer en el favor de un Dios que no existe era toda la redención que necesitaba. Bueno, eso y que le crecieran las manos tantito. Que no chingue.

¿Entonces el de pastor en con maíz y el de pollo con queso?, dijo el Chaparrito sacando a Roger de su trance, mientras sostenía un taco de pastor en su manita.

No, repuso Roger, pastor con queso en tortilla de harina, y pollo con queso en tortilla de maíz, por favor

Ah, me equivoqué.
Enseguida corrigió la orden y le pasó los tacos a Roger. La vida no dejaba de sorprenderlo, frente a él, de manos del culero que siempre quiso que corrieran y por el que dejó de ir a la taquería mucho tiempo, dos tacos bien servidos y con apariencia decente. Sonrió para sus adentros mientras el Chaparrito ya despachaba a otros clientes con su incansable ánimo.

Una sangría por favor, dijo Roger mientras pensaba que la vida, a veces, no valía tanta verga.

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¿Dónde está mi perro?

Construyó mi corazón con post-its de colores. En cada pequeño pedazo de papel me dió un cachito de su alma y de su vida. A cambio le ofrecí esperanza. La música nos unió en silencios y miradas. Supe que la amaba poco después. 

A punto de descender a las entrañas de la tierra, 100 metros al vacío en tiros verticales y más de un kilómetro hacia adelante de una cueva fascinante, con el sol puesto y la luna iluminando el sendero, pensé en su sonrisa, en la mirada tímida que nos regalábamos en secreto de vez en cuando. En su mano imaginaria sobre mi pecho conteniendo mis latidos. 

También la amé antes de bajar al sótano. 70 metros libres hacia una garganta furiosa repleta de agua. Ahí, colgado en un paisaje sin par, con la cascada a mi lado, la cuerda tensa y los sentidos a tope oia su voz en mi interior. Aún antes, mientras esperaba mi turno al descenso y en la previa, estando aun en el campamento, mis ojos se enternecieron de solo pensarla. Como en las horas previas a la cueva, mientras la tarde moría y yo recuperaba fuerzas en mi tienda, su sonrisa estaba ahí. 

Un pin en el corazón y un cuarzo al cuello. Mi correa de perro ideal. De perro que ladra y vuelve al hogar. 

En sus manos, yo.

Los humanos

Crecí rodeado de muchas carencias sociales. Hiperactividad y falta de empatía, poca sensibilidad para relacionarme con las demás personas. Tuve un infancia loca que le sacó canas a mis padres siendo tan jóvenes como yo ahora. Decenas de escuelas, desde jardines de niños, primarias y secundarias, mi tránsito hasta la adolescencia fue tortuoso. Pocos amigos y muy malas relaciones. Con la mente algo envenenada por mi falta de aptitudes sociales tuve un buen desarollo intelectual en la preparatoria yu universidad que me hicieron convencerme malamente de que lo mío no es la gente. Ni los tumultos, reuniones, fiestas, aglomeraciones ni nada por el estilo. Aunque el tiempo me ha serenado y he hallado paz en mi mente laboriosa, me queda desde hace años el resabio de no sentirme muy humano, o al menos no como concibo a otros humanos. A ratos en la vida he necesitado que algo me lo recuerde. Regularmente, y porque tengo buen sentido del humor, son las experiencias dolorosas las que me han devuelto a la realidad ínfima que siempre mantengo bajo la mesa; somos apenas polvo en el universo.

La semana pasada cuenta como la peor semana que he tenido en años. Debo decir que no creo recordar haber tenido una semana mala en la vida, pero los clichés venden y son más fáciles. No deja de asombrarme como el dolor, en mi caso, más que cualquier otro sentimiento me hace ver la realidad con lo que yo considero algo más de claridad y agudeza. Un pérdida muy dolorosa que estremeció mi corazón y mi alma y luego un accidente de tránsito que me tiene drogado todo el día y con apenas poder moverme por el dolor me han devuelto mucha lucidez. Me han hecho recordar tantos sinónimos para fragilidad que siento que me rompo de solo enumerarlos.

De todos modos es de humanos romperse.

El descubrimiento del fuego

Os contaré la historia de este blog (no, no soy español, pero me gusta mucho el voseo). Todo comenzó hace ya unos cuatro años. Fue una extensión de un Tumblr que hace muchísimo tiempo no miro. Apareció porque escribía demasiado en Tumblr y me sentía sin propósito. Se supone que Tumblr es para compartir imágenes (cosa que me fascinó tanto de inicio), no tus pendejadas. Y porque mi Tumblr era conocido por algunas personas (¿cercanas a mí?).  Escogí WordPress porque descubrí que una chica (que de la nada y con un amigo en común me agregó a FB y con quien he hecho una buena amistad internetera) que escribe muy bien usaba un blog en WordPress (de cual ahora lamento ya no tener referencia alguna). Así conocí también WordPress, confieso. Y fue importante porque me animó a abrir el blog. Siempre sentí mala espina por Blogspot, lo creía adolescente y poco serio (¡mira quién lo dice!). Y fue acá, pues.

Os cuento la historia porque sí que ha pasado el rato desde eso. Hace unos años escribía mucho, a diario casi. Leía a montones y de todo tenía notas y opiniones. Relatos cortos, aforismo y ensayos, mi mero mole. Hacer de mi vida una metáfora en letras y encriptar Pmi mente en cuantas líneas fueran necesarias. palabras que eran libros enteros y oraciones para toda la vida, hace tiempo ya, claro.

Hace cosa de un año empecé a aplicarme con la escritura de un cuento hasta ahora muy mal logrado en el papel. Tengo mil ideas que he tallereado con mi gran cómplice de letras, Zagôth (nombre artístico). No me gusta presumir pero creamos ya todo un universo literario, con mitología y todo. Las ideas quizá no sean tan buenas como platicarlas en su compañía inmejorable pero de algo valdrán la pena. Hace cosa un mes descubrí entre la niebla una nueva pareja escriturística, alguien con quien tener una relación por correspondencia. Confieso que me volvió la inspiración y espié un poco mis entradas en este blog, ya sabéis, beber un poco del pasado.

Días, semanas ya, Zagôth me invitó a ser cómplice de su última lectura. Mi númen, toda la fuente de mis delirios e inspiracion: el libro por el que soy lo que fui y quisiera volver a ser. Es curioso que en tantos años de amistad lietraria nunca lo hubiesemos compartido. Su gesto tan noble me volvió loco. Pasé toda la semana releyendo mi blog, entrada por entrada, hasta el fondo de la cloaca, donde empezó todo. Aquella primera entrada que delata sin pelos en la lengua el origen de este delirio que casi tenía abandonado. Y me regresó la chispa. Después de meses atragantado en una noluntad constante, perdido en una oscuridad absoluta, viviendo de palabras mal masticadas e intentando escribir cada que tenía la suerte de estar frente al ordenador (además del voseo, me gusta la jerga gachupina) o con pluma y un papel en blanco a la mano en el momento justo, ahora digo que la llama a lo lejos, cálida y vibrante, me devolvió la inspiración. Las ganas necias de retomar el camino. Y por eso estoy aquí, porque trecordé, corriendo hace un par de semanas al lado de una gran amiga, que mi padre siempre ha tenido razón sobre mí. Lo único que necesito en la vida son ganas de hacer algo. No la estúpida noluntad.

¿A dónde van?

Existimos nosotros, los ahogados. Los que nunca sabremos ni podremos ser felices. Todo nos dejará un sabor amargo en la boca, aun el gusto más dulce se resecará en con nuestra saliva agria y nos será hiel. Nunca tendremos tiempo de sonreir sinceramente ni de alegrarnos por nada. La risa y el sarcasmo son nuestro único aliento útil. Lo que nos mata vivos y nos impide morir.

Y toda esa pasión, toda esa enrgía que fluye en nosotros, que nos asfixia y al mismo tiempo se nos desborda como una inundación, es una catástrofe sin cauce, a la deriva. Incapaces de querer y ser queridos, sabidos e ignorantes, entendemos todo para darnos cuenta de lo lejos que estamos de siquiera atinar en algo.

Tendidos en la orilla, náufragos con el orazón partido en la mano, el alma deshecha tirada tras nuestra sombra,, apenas la arrastramos para recordarnos que el sinuoso camino nunca termina. Tragamos toda la sal del mar para entender que nuestra paz no existe.

¡Top 5 doble!

Top 5 doble canciones de Soda Stereo

Este es un top muy difícil. Más difícil que cualquiera de alguna otra banda que me guste mucho. Y es que me cuesta trabajo discernir. Un top de los Beatles, fácil, uno de Oasis, de Depeche, de Pulp, pan comido. De travis, regalado. Pero de Soda no. Me gustan un 8.5/10 pero lo que me gusta me gusta 9.5/10, es difícil. Me gustan parejo y mucho. La idea de este top salió de un día que platicaba con mi hermano sobre nuestras frases favoritas de Soda. Creí que lo tenía claro pero luego, mientras más lo pensaba, comenzó a complicarse. Así que escogí estas cinco canciones pensando en que de verdad es muy difícil escoger sólo cinco.

5.- Trátame Suavemente

Del primer disco, quizá la mejor. La muy distinta dentro de ese rollo que tenían allá en 1984. Me gusta porque podría estar en casi cualquiera de sus discos y no se notaría. Es decir, es lo suficietemente auténtica, pero muy Soda a la vez que pasa por cualquiera de sus facetas. Al menos de inicio, en la idea. Yo jamás pensaría que cualquier otra canción del Soda Stereo pueda sonar fuera de ese disco. Algo que me gusta mucho de las bandas que me gustan mucho (valga el rebuzne) es que casi todas son muy distintas en sus primeros discos y evolucionan dramáticamente conforme avanza su carrera. Soda no es excepción, aunque no todas sus personalidades me cautivan. Esta canción tiene un significado oculto para mí, diría que es un poco la letra de lo que espero de la vida, porque es la más linda que tienen. 

La segunda (y tercera) canción aquí, curiosamente, son la uno y dos de su último disco. Y tienen la misma característica, letras sombrías y enigmáticas con una música muy auténtica en su estilo. podrían sonar en cualquier disco.

4.- Corazón Delator

Track 7 del  Doble Vida. Quizá, mi disco menos favorito de Soda, aunque tiene gradísimas canciones. Esta en particular es una bestialidad. La letra es poco menos que perfecta, muy única. Esto no se le dedica a cualquiera, ni se piensa a cada rato. pocas personas le dejan a uno un océano de fuego oculto en los escombros de la voluntad. A propósito del disco, que creo yo es perfecto para bailarse con alguien, acompañado de algún trago sensual y sexo, esta también está un poco desentonada. Me suena ya mucho a Cancion Animal. Tiene agonía y buenas guitarras, más un toque darks. Es, creo, la canción de Soda que más me sacude las entrañas.  No puedo dejar ir este puesto y este disco sin decir que tengo otra canción muy favorita en este disco y que fácil podría estar en este top, porque tiene un letra fenomenal y la música es excelsa, y porque es la canción más bailable que tienen.

3.- Un Millón de Años Luz

Tengo dos recuerdos muy recientes de mí escuchando esta canción. Ambos en diciembre pasado, ambos en Griffindor. El primero ha de haber sido a inicios del mes, en casa de mi hermano mientras hablábamos de algo que no recuerdo. Cerré los ojos y me fui, me fui muy lejos. Esta canción tiene ese maldito poder. El riff es genial, quizá el mejor de Soda, aunque este disco está lleno de buenos riffs. No por nada es el mejor para muchos (no para mí), es el mejor rock que jamás tocaron. Mi otro recuerdo procede de la víspera de año nuevo. Estaba en la playa, frente a una fogata, embelesado por el ruido de las olas y su sombra al estallar en la playa cuando empecé a tararear la canción. El cielo estrelladísimo, todo muy oscuro, la fogata crujiendo. Debí cantarla en mi mente unas quince o veinte veces en toda la noche. Es la canción más poderosa que tienen. 

La otra canción de este puesto es la que creo que es la más potente de todas, puro pinche rock. No es mal pedo, pero a veces Black Rebel Motorcycle Club me suena a esa rola, imagínense.

2.- El Rito

Aquí la cosa ya está muy seria. Signos es el mejor disco de Soda en mi opinión, de lo mejor que ha dado la música en español y un disco prácticamente perfecto. El sonido, las letras, el orden de las rolas. Es que más chingón no les pudo quedar. Casi cualquier canción es mi favorita del disco. Me recuerda What’s the Story (Morning Glory)? de Osasis en ese rubro. Todo el pinche disco está genial. Agarres lo que agarres está todo bueno y todo es tu favorito y lo más chido. Para ser justos y acotar más esto, de la canción 2 a la 7 es lo mejor que he odio en la vida. Ni la sinergia del medley en Abbey Road es tan perfecta. No, no estoy exagerando. De verdad es una obra maestra. El Rito es, dentro de esa genial seguidilla de canciones, la primera, la 2. Lo que hace divina esta canción es su letra. Es la mejor letra de Soda, sí. La melodia es  también fenomenal. Siempre que la oigo paso los primeros tres minutos gozando la letra y los siguientes tres enamorándome de la música. Es, al igual que las canciones en el número 5 de este top, algo que podría sonar en cualquier disco y nadie se daría cuienta.

Este número 2 tiene que compartir su sitio con otras dos canciones. La primera es la que intitula el disco y que es en verdad su mejor canción en relación letra-melodia. La otra canción en este puesto es la canción que creo yo, es el antecedente del disco completo. La letra más enigmática y la música que mejor refleja la totalidad del grupo (o sea su mejor canción).

1.- Prófugos

Siendo Signos mi disco favorito, y habiendo dicho lo que dije, de todos modos esta canción debe estar aquí. Y ahora explicaré por qué. Antes debo decir que traté de que estuvieran aquí todos los discos de Soda, pero es difcícil. El único que faltó fue Dynamo, que en verdad no es nada memorable. Es un poco aburrido y requiere demasiada atención para poderse disfrutar. Volviendo a Signos. Es correcto, todo el disco me gusta mucho y eso ha de ser suficiente para poner cualquier canción sin más comentarios que porque me gusta. La cosa con Prófugos es que es una canción que en mi opinión condensa exactamente todo a lo que sonaba Soda hasta 1986. La onda electro, popero, pero a la vez con mucho carácter. Resume todo el disco y su, hasta ese entonces. corta carrera de manera fenomenal. Tiene una letra muy buena y la música es por demás agradable. Además tiene muchísima potencia. Aunque yo me la paso hablando de rock, la verdad es que la musica electro es lo que más me gusta, y por eso esta es la mejor canción de Soda, es lo más electro que tienen.

Tengo que compartir este lugar 1 con otra canción del mismo disco, la que tiene la mejor frase que jamás se les pudo ocurrir, los mejores vocales y la mejor guitarra, y con una tercera que es del Doble Vida, pero que sólo alcanza este puesto si se escucha en su versión Comfort y Música para Volar. Porque canta Andrea Echeverri.