Bisiesto

Hoy es 29 de febrero. El día más inusual del calendario. Hoy solicitaron mi renuncia del trabajo que llevaba desempeñando dos años. Nunca pensé que lo diría pero vaya que me hicieron un favor. Y me enseñaron una buena lección que, me temo nunca escribiré por aquí. Pienso ahora en las instituciones de este país, en ese algo que tengo que hace que la gente crea que siempre la voy a hacer de pedo por todo. Pienso en varias cosas. Soy muy transparente, dicen. Me gustan los significados.

Es curioso notar la forma en que nuestro contexto ayuda a significar cosas que de otro modo, en circunstancias ditintas, quizá no tendrían sentido. Ayer justamente me me separé de la mochila que compré expresamente para el trabajo que acabo de perder, pensar que llegó con el trabajo y se fue con él es una coincidencia. Detesto pensar en coincidecias. Prefiero pensar en que existen procesos cognitivos que, de diversos modos, nos ayudan a comprender el mundo. Creo que los símbolos son una manera de hacerlo.

Como en el mito de la caverna de Platón, creo en el azar, las coincidencias y el destino como ensombras proyectadas en la pared. Sólo son posibles cuando interponemos nuestro cuerpo entre la luz y el muro. Si no lo hiciéramos únicamente observaríamos las uniformes texturas y algunas pequeñas sombras que con toda probabilidad serían mucho más aburridas.

Proyectar sombras, además, ofrece la posibilidad de crearlas, transformarlas, y verlas cada vez que uno lo deseé. Podemos hacerlas más grandes, más pequeñas, nítidas o difusas. Entrados en la caverna y con la luz a disposición, las sombras nos pertenecen. Hacer de ellas un simbolo es recordarlas para siempre, en eclipse perfecto con la luz y nuestro cuerpo.

Hoy, por instinto, algo que no alcanzo a precisar aún, tomé de mi librero antes de salir por la mañana una pequeña hoja con algunos pensamientos escritos en ella. ¿Suicidas? , ¿existenciales? Qué sé yo. Me he convencido desde hace tiempo que sólo viviendo se puede morir, no es una obviedad ni una metáfora. Finalmente resolví el dilema que otro puso en mí. La vivencia determina la escritura. Desde hace unos días escribo de nuevo. Quizá por eso recordé mis notas sueltas. “La escritura es la primera de todas las muertes, la que renace al instante”. Ayer, en la gala de los Óscares la película El Renacido se llevó varios premios. Ayer me despedí de la mochila, cambié de aire y hoy la vida me puso donde creo que voy. Terminé prematuramente este periodo laboral, al igual que el primero que tuve, en escenario poco menos que idéntico. La sombra es tan amplia que no alcanzo a ver nada, ahora me hallo tratando de iluminar una pared tenebrosa y fría.

 

Top 5

Tardé mucho en llegar a este top. Mucho en pensar de qué hacerlo, quiero decir. Mi mente oscilaba entre hacerlo de discos, canciones, videos, temas. En la semifinal antes de decidir quedó un top de Soda Stereo (que sí voy a escribir), porque escuché Soda todas las vacaciones, uno de mejores videos y otro de mejor canción de discos con portadas chingonas. Pero ganó este. Y por un pelito. Ganó porque también me la pasé grifo todas las vacaciones (que ya tiene como un mes que no estoy de vacaciones, pero en fin).

Este es un top de las canciones que más me gustan para fumar mota y andar gris.

Sinfonía del Nuevo Mundo – Antonín Dvorák

Hace unos tres años al menos, cuando no tenía empleo, pasaba muchas horas en casa de Augusto, un gran amigo y compañero de viaje. De las muchas cosas que hacíamos juntos, algunas de las más interesantes siempre se combinaban con estar elevados. Incautos ejercicios literarios, paseos por el lago y por supuesto, música. Esta es una de las canciones que más disfrutábamos. Con ella experimenté algunas de mis grifas más memorables. Es tan ceremoniosa que no puede sino alcanzar lo sublime. Su extensión y las progresiones que tiene sin duda alguna la convierten en una experiencia de alcances incalculables. Altamente recomendable a volúmenes muy altos. Actuarla se vale y se avala su efecto en el estado de ánimo. A media luz, o a oscuras. No lea la biblia, oiga esta bonita sinfonía.

Maggot Brain – Funkadelic

Esta canción resume como seis o siete años de mi vida fumando con Aldo. Recuerdo que había un cuarto pequeño en su casa que había sido acondicionado para los específicos efectos de fumar y escuchar música.  Tenía una bola disco, un lámpara chingona y una tornamesa de compactos con mezcladora. Esta canción forma parte de un épico mixtape llamado Revista Gris, que no es otra cosa que un Soundtrack para un proyecto de la universidad de Aldo, el cual versaba sobre una revista acerca de cosas mariguanas. Dicho mixtape incluye otras varias canciones y se encuentra deliciosamente mezclado en un solo track, para facilitar la reproducción y el deleite del escucha. Esta melodía, vale la pena decirlo, se fusiona en el soundtrack con esta otra magistral pieza, que bien podría estar en este top sin ningún problema. Debo mencionar que excepto por el mixtape mencionado (el cual usted puede aún descargar en esta liga) , mi versión favorita de Maggot Brain es una en vivo que no se encuentra en Youtube y que yo descargué de Ares hace mil años, y que algún día, sin duda, compartiré.

Child in Time – Deep Purple

Otra canción procedente de mis correrías en el Lago de los Lirios con Augusto. De una de las bandas más infravaloradas de la historia. Ni pedo, si por mí fuera Muse no daría giras con drones. Si por mí fuera Deep purple sería Salón de la fama del Rock. Pero en cambio están Green Day (lo entiendo por lo que significa para una generación pero musicalemnte no lo puedo justificar), Bob Marley (de nuevo lo entiendo, pero ni siquiera es Rock), Guns n’ Roses (sin comentarios). En fin. Es adictivo el sonido de Deep Purple a cierta edad, en ciertas condiciones mentales y emocionales. Para mí son una especie de combo Hard Rock junto con Led Zeppelin. Música de a devis, con buenas guitarras y un chingo de buen pedo. Uno sí tiene que grifear con Acid house, Psycho y otras cosas, pero grifear con Rock puro siempre es mejor.

Echoes – Pink Floyd

Live at Pompei 1972 I

Live at Pompei 1972 II

Es casi una obligación para todo grifo que se respete fumar alguna vez en su vida escuchando en su vida. Y es que vale la pena. Usted puede pensar lo que quiera de Pink Floyd (en realidad puede pensar lo que quiera de lo que se le de la gana), que si son dioses del olimpo, que si sobrevalorados, que si eran mejores con Syd Barret, diga lo que salga por la cola. Yo le digo algo, esta canción es grifa sí o sí (y todavía estaba Syd Barret). Desde los primeros acordes y hasta los últimos se te mete entre las venas y te estremece como pocas cosas. Coger grifo con esta canción es muy recomendable, hacerlo con una mujer grifa es celestial. Esta versión es muy buen rollo porque está grabada en Pompeya y es muy vieja; quiero decir que se ven muy jóvenes. Y a lo mejor es porque siempre que reproduzco estos vídeos estoy hasta las manitas que me clavo pensando en puras cosas fritas que esta canción sólo ayuda a refrendar. Por cierto, esta versión de Pompeya también mola. Otra versión que mola mucho para ver es esta, la cual responde a una alocada teoría que dice que originalmente Pink Floyd iba a hacer el soundtrack de la película pero resolvieron negarse, y que después al ver la cinta se arrepintieron mucho y decidieron hacer Echoes de tal longitud que coincidiera con la escena final. ¿Chorradas? A lo mejor. Sin duda mi versión favorita es reproducir ad infinitum este video o cualquier otro, o uno tras de otro mientras escucha la canción y mira directo a la pantalla. De nada

Bohemian Rapsody – Queen

 

¿Necesito de verdad explicar esto? Es quizá la mejor canción británica (del mundo mundial) de toda la historia. Las vocecitas, el ritmo, todo todo. Es perfecta. También se actúa y se interpreta en versión libre.

Otras grifadas:

SFA

PRML SCRM

AIOAO

Levitation

 

EL VIENTO ME PERTENECE UN POCO

 

Jurídicamente hablando,
yo no soy dueño de ninguna de las luciérnagas.
Y aun mi derecho sobre las mariposas resulta
discutible.
No tiene sentido
que alguien me pida
(regalado o prestado) un crepúsculo
porque carece de ellos
mi patrimonio familiar.
Se puede creer, sin embargo,
que, en sociedad con mis oídos,
soy al menos propietario de alguna melodía
(las variaciones, digamos, sobre un tema del viento);
pero si una cosa debe afirmarse de mí
es que soy pobre de música,
menesteroso de Bach, harapiento de Mozart.
En mis arcas no existe un solo aroma.
Nunca he guardado en mi caja fuerte
el sabor a vainilla.
Nunca he poseído una alacena
olorosa a compota de durazno
ni mi ropa
ha estado nunca planchada y doblada
por las manos de un jabón
que conduzca majadas de perfume.
Mas llegas tú. Y el viento me pertenece un poco.
Hasta puedo enviar por correo
de regalo
alguna brisa.
Me llevo por algunas horas el mar a mi departamento
de la misma forma en que lo hice en la página 65
del antiguo relato de una de mis pesadillas.
De un tallo de dos o tres rosales
pende una tarjeta con mis señas.
Y he dado instrucciones a las espinas
(los demonios custodios del perfume)
para poner en su sitio a quien olvide
la propiedad ajena.
Mas llegas tú, y la soledad
sale corriendo
hacia las fronteras que tengo con la nada.
El abrazo nocturno nos confunde.
Sólo el gallo
que enciende una cerilla con su música,
despierta nuevamente nuestros límites.
Mas nos tomarnos entonces de la mano
con la intención
de que no deje de haber nunca
litigios fronterizos entre nuestros pronombres.
Me ayudas a armar el rompecabezas de un ángel.
Hallamos agua, sol, edad derruida,
damos con la pasión
que desentume piernas, mueve brazos,
y devora también, oso hormiguero,
la infinidad de puntos agitados
en las extremidades que se duermen
en su inmovilidad de soltería.
Mas después de gozar
el placer sedentario de los besos
y las caricias lentas (las tortugas
afectivas que cruzan por tu vientre)
decidimos partir,
darle cuerda al zapato, correr mundo.
Construir un astillero
y empezar a forjar fetos de naves
que crecen hasta hacerse
audacia de madera,
un sueño con su popa y con su proa.
La aventura que sabe recortarle
las espinas a la rosa de los vientos.

-Enrique González Rojo Arthur

Top 5

Me decidí hace poco a hacer unos top 5 de música. Yo sé que una vez dije que no me gustaba escribir de música; no era tan así. En todo caso no importa, como decía alguien, exijo mi derecho a contradecirme todo el tiempo y seguir aún siendo el mismo de siempre. La cuestion es la siguiente, reflexionaba hace poco sobre algunas de mis actividades escriturísticas cotidianas y casi todas, descubrí, tiene música de por medio. Este blog en sí mismo, aunque nació por ciertos intereses literarios y personales en particular, está lleno de música y en tiempos recientes, luego de la declaración de “no me gusta escribir sobre música”, tiene algunos posts muy largos sobre música (1, 2 y 3).

Otro aspecto que me lleva a iniciar estos top es que de verdad me gustan los top de todo. Además me gustan las estadísticas. Recientemente comencé a familiarizarme con Spotify y descubrí que almacena estadísticas anuales de música. Tristemente lo usé muy poco el año pasado como para obtener algo significativo, tampoco me puedo prometer tener lo mejor para este año que comienza pero pues algo deberá salir.

Este top, ya sin preámbulos, es de las cinco canciones que más me gustaron en el 2015. Son además las que más escuché. Aunque no tengo la cifra exacta que Spotify podría darme, por ejemplo, de verdad créame cuando le digho que las reproduje hasta no hartarme.

5.- Cuando sea grande – Cuarteto de Nos

Este grupo sí que me gusta, los conocí hace muchos años con esta canción y la verdad me enamoré. Son buenísimos, qué letras, dios, qué letras. Tienen mucho ritmo y todo eso, tiran buen rollo. Son al pedo, dicen. Tienen uno de los mejores videos que he visto jamás y son buenos en vivo. La canción de este top pertenece al disco Porfiado de 2012 y pienso que es uno de sus mejores cortes. La letra me encanta y el video es muy agradable. Curiosamente fui a conocer la canción por una amiga a quien una vez le comenté que me gustaba mucho la banda. Aunque les había perdido la pista los oía con frecuencia y al poco de salir el disco mi amiga compartió conmigo el vídeo, que resulta además ser el primer sencillo del álbum. En 2015, a razón de haber recuperado el I Podcito no hubo una sola combinación de canciones en que no estuviera presente esta, y fue también pretexto para escucharla mucho, mucho. Fue un reencuentro fenomenal.

4.- Break the night with colour – Richard Ascroft

Otra canción vieja, este año, al igual que la del Cuarteto, cumple 10 años. Lleva mucho tiempo gustándome al 100. En mi opinión Ascroft es uno de los mejores compositires británicos de todos los tiempos, neta. Desde The Verve siempre ha estado en la cima. Todos los puñetas que se la maman gratis a Thom Yorke sin saber qué pedo no tienen ni idea de quién es este señor. Hace casi un par de meses lo vi en un festival de música. Para contextualizar esto bien mencionaré que a ese mismo festival se presentó Muse, la “so called” última mamada de la música. Ni con drones, un espectáculo de luces y sonido de otro pedo le hacen lo que el viento a Juárez a Richard. Solo y sus dos guitarras, el carisma, sus geniales canciones y un chingo de huevos se aventó uno de los mejores conciertos que he visto. Y es que ya es un vino viejo, para donde vaya tira y tira bien. Es cierto que quizá algo de lo mejor de él se quedó con The Verve, pero piezas como la aquí citada, Music is power, Science of silenceA song for the lovers son de lo mejor que le ha dado Richard al mundo.

3.- Crush – Dave Matthews Band

Ninguna canción de esta lista, excepto la primera, es del año 2015. Ahora que sabe eso, lector, prosigo. Esta es del lejano 1998, tercer álbum de DMB, sin embargo, lo que cito para el año 2015 es esta versión en particular. Procede del Radio City Music Hall de Nueva York en el 2007. Es sencillamente fenomenal. No es que la versión original no me guste o que el vídeo (que tiene una versión recortada) no me satisfaga. Al contrario, me encanta todo lo relaciuonado con Crush. Creo que es una de las mejores canciones de DMB. Ese sonidito jazzero tan sabrozzo, la letra tan bonita, carajo, es un rolón. Aquí va el detalle. DMB es exactamente todo lo que me gusta de la música. Una buena banda en vivo, nah, buena no, excelente. También los vi en 21015 y fui muy feliz. Esta versión es genial porque es un en vivo único. Y es completa y totalmente diferente a las otras versiones. Volviendo al asunto de Muse, creo que es una estafa ir a tocar en vivo y sonar exactísimamente igual que en los discos de estudio, tiene mérito pero para eso y un show de luces mejor me quedo en casa. DMB me recuerda siempre que la música en vivo es por lo que uno ama el deporte y se sube al ring a tres caídas todos los días. Además en esta versión Tim Reynolds toca poco menos que como dios. Así es.

2.- Focus – Reborn – Mayan Factor 

Esta canción en realidad carece de una historia interesante en lo que a mí respecta. Más bien significa muchas cosas. La conocí este año aunque es del 2003. Me la presentó mi gran amigo Héctor. Si existiera algo tan mezquino -sí existe- como un top de amigos del año, Héctor es top 3  del 2015 fácil. El asunto con esta canción es que está de huevos. La neta, pinche rolón. La letra es soberbia, la música, los cambios, el punch, el rapeo, todo, es muy perfecta para mi gusto. Me recuerda mucho algunas facetas de Silverchair y aún así me quedo corto. Es como los mashups que tanto me gustan pero a la vez no. Cita a the doors en Not to touch the earth y Riders on the storm y otra canción de Mayan llamada The Warflower del mismo disco y que también está muy buena. Es un gran combo, además es como acústica a ratos. Sin duda magistral. Entró en mi año por ahí de agosto o septiembre pero eso bastó. Es, a manera de significado, un sello de mi amistad con Héctor que se combina con otras experiencias literarias traídas por el 2015 y que son exactamente todo lo que este blog significa, y por eso es número 2. Focus, mi parte favorita.

1.- The Riverman – Noel Gallagher’s High Flying Birds

¡Qué decir! Esta es la rola del 2015 -y sí salió en 2015, lo cual es un argumento muy poderoso para volverla número 1-. Pero debe haber una sumatoria de otros factores. Además del año en que fue editada, el disco salió en el mes de mi cumpleaños (nada que ver pero wiiii), es de Noel (hurra, hurra) y es una reverenda mamada. Es sencillamente perfecta. En las propias palabras de Noel es la mejor canción que ha escrito, y tiene todo mi respaldo y apoyo. Como fan número 1 de sus entrevistas y comentarios sarcásticos, blasfemos e insultos a otros artistas de medio pelo y a las porquerías de la música actual, debo decir que esta canción no es poca cosa. Tiene lo que nunca había escuchado en Noel (un solo de saxofón, gente, un solo de saxofón) y es a la vez todo lo que ya le conocemos. De su hasta ahora muy agradable carrera como solista, esta era mi canción (y de algún modo lo sigue siendo). Es un clásico de Noel, por sonido, letra, estilo y porque es bien genial. Pero todo cambió con The Riverman, no hay comparación a la evolución musical como tampoco es de creer que siga siendo tan ese wey. Además tiene un gran video. Me hizo el año.

Hasta la próxima.

“Existen dos maneras de jugar al ajedrez: con el máximo sentido común, o con auténtica desesperación. En el primer caso se juega para no caer. En el segundo caso se busca, con el riesgo que sea, que el otro caiga derrotado. No es lo mismo. Es posible llegar a conocer ambas maneras, pero no ejercerlas”.

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Ayer, mientras trataba de localizar un texto mío en un blog de tumblr caído en deshuso, me encontré con las muchas publicaciones que hice hace tiempo sobre ajedrez; sobre mis partidas, mi desempeño en Chess.com y más concretamente, sobre mis sentires hacia el juego ciencia y la forma en que ha definido mi vida.

Ver tanto material me obligó a hacer esta publicación. La cita de arriba salió del Facebook de una amiga. Pertenece a Andres Neuman, un argentino que apenas he leído pero que escribe con mucha lucidez y genialidad sobre fútbol.

La vi hace unos días y me desconcertó. En una primera instancia no entendí su sentido. Es mucho más metafórico que literal, y más cierto que la realidad. Lo digo porque otra de las pulsiones que me lleva a querer escribir es expresar mis sentires acerca dealgo que me apasiona y consume tanto. De ello queda, por ejemplo, este intento incompleto, detenido por mi procrastinación y del cual ni siquiera recuerdo a dónde iba.

Mi problema, con todo, es que soy inconcluso. Soy verdaderamente incapaz de terminar cosas que no requieran ser terminadas. Digamos, cumplo en mi trabajo porque así debe ser, pero no puedo terminar ningún proyecto personal porque no me siento obligado, y aunque el interés me haya llevado muy lejos, también me aburro rápido.

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Otro problema mío es darle vueltas a las cosas y ahogarme en preámbulos y contextos -que a veces son inncesarios pero que disfruto tanto- y jamás llegar a lo mero principal.

Decía pues que la cita era desconcertante. Siempre he creído que el ajedrez es una forma de vida. Nada se parece a tu vida tanto como jugar una partida de ajedrez. Dicen que el deporte no construye el carácter, sino que lo revela. El ajedrez es eso. Te expone, te deja exhibido, desnudo ante la vida.

La vida cabe en un tablero y en su infinidad de posibilidades. Las piezas apenas evocan la materialidad de la existencia, pero sus  límites exceden los del espacio y del tiempo, se sumen en las profundidades de la mente. Te llevan más allá.

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En un espacio competitivo, el ajedrez no es ganar o perder. El gran Garry Kasparov, dueño de la elite ajedrecista mundial por casi veinte años más que un sobrado genio -que lo es-, fue un excelente competidor. Que ganó cuando debió. No puedo constatar que sólo se juegue para ganar o ver caer al otro. Al menos no en la inmediatez del juego. Siempre hay niveles.

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En una escala mayor, la competitividad no es otra cosa que el esnsalse del sentido común, y ahí tiene razón Neuman. Pero en la práctica todo es más obsceno. El sentido común de sobrevivir a toda costa implica necesariamente que extingas al otro, como darle muerte al enemigo asegura tu supervicienvia. Es una dualidad complementaria más que una dicotomía. Una moneda de dos caras que no dos fichas distintas.

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Pero justo ahí es que la vida se decanta sobre el tablero. Sin importar el método el fin parece siempre el mismo. Las aperturas, embrollos tácticos y posicionales, las captura y sacrificios forman parte de la manera en que competimos para sobrevivir. El tablero igual que la vida tiembla a cada instante y es un panorama incierto la mayoría de las veces.

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El tablero siempre está vacío, las piezas son apenas el material que necesita la conciencia para escribir la vida. Apesar de saber que somos un montón de materia interactuando física, química y biológicamente, prefiero pensar que tenemos un alma viva que trasciende la materialidad, que es apenas una expresión comprensible a nuestra conciencia. De otro modo, ¿cómo puedo explicarme el ajedrez, si no con alma?

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“Capablanca, un bohemio en la vida, tenía un estilo de ajedrez que era bastante simple y metódico. Alekhine, un individuo metódico en la vida, tenía un estilo imaginativo y arriesgado. Capablanca era un hombre pacífico y esa placidez se transmitía en su juego tranquilo. Alekhine, en cambio, era muy competitivo e incluso con momentos de cierta agresividad, lo cual se traducía en un juego de ataque. El ajedrez es ese fascinante espejo del alma humana”.

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Después de todo, la lucha existe, y las formas de trascender están en el tablero. “Si el ajedrez es arte, Alekhine, si el ajedrez es ciencia, Capablanca, si el ajedrez es lucha, Lasker” – Tartakower, sobre las mil formas de vida que existen en 64 escaques blanquinegros.

Un relato que agobia mi concienci desde hace tiempo es el de la muerte de Alekhine. Usted puede leer una maravillosa historia de Alekhine en dos partes (1 y 2)  y quedar fascinado o abrumado por una vida dedicada a emular la vida sobre un tablero. Y a una muerte indisociable de éste.

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Como decía Buffalino, nacer es humano, perseverar es diabólico. Ante la natural facilidad de morir que todos alcanzan, tarde o temprano, Neuman acierta, pues se puede conocer la vida sin ejercer su supervivencia. Pero al menos un siempre hay un sombrío tablero para por lo menos intentarlo.

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